Historia

  • Nacidos en un céntrico bar bilbaíno​

Las mejores historias bilbaínas casi siempre han nacido en torno a la ría o alrededor de la barra de un bar y, como no podía ser de otra manera, la Sociedad Espeleológica Burnia se gestó y constituyó mediante la firma de sus Estatutos un diciembre de 1993 en un céntrico bar bilbaíno. Así, el nuevo año de 1994 comienza con un nuevo grupo espeleológico en Bizkaia.

 

  • El nombre

Burnia es la denominación en euskera vizcaíno de “hierro”. Y ¿a cuento de qué se le pone a un grupo de espeleo el nombre de “hierro”?. Pues es difícil de sintetizar con palabras porque se trata de algo emocional e irracional condicionado por un entorno vital, pero está en el trasfondo de lo que se cuenta a continuación.

  • Enraizados en los escenarios de una Bizkaia minera e industrial ya desaparecida

Hubo un tiempo en el que Bilbao era hierro y hierro era Bilbao, hasta los altivos montes que custodian la ciudad por el Suroeste siguen siendo los Montes de Hierro. En ese tiempo y en esos lugares se forjó la personalidad de Bilbao e incluso de Bizkaia y es en el declive de esa época y de esos lugares donde nos tocó crecer y vivir a gran parte de los primeros burnitxus.

 

Qué mejor escenario para la curiosidad de unos chavales que unos montes con las entrañas horadadas por la penuria y la épica de los mineros. Cualquier escapada al monte suponía incluir en la mochila una linterna para “explorar” las galerías que se abrían por doquier, en los parajes más recónditos del monte o del bosque. En ocasiones eran pequeños registros mineros pero otras veces se trataba de enormes enrejados de galerías, que muchas veces daban acceso a “cuevas” con espectaculares estalactitas y estalagmitas. En ocasiones, estas inocentes exploraciones iban acompañadas por una sutil y silenciosa corriente de aire o alcanzaban algún cantarín curso de agua o acababan ante una profunda y misteriosa sima. En definitiva, eran espacios de inocencia reservados al misterio y al misticismo, que se traducían en curiosidad por saber a dónde irá ese aire o ese riachuelo o qué profundidad tendría esa sima y qué habrá en su fondo… si lo tiene. 

 

Por tanto, una vez constituida la Sociedad y con estos ingredientes emocionales, el epicentro de nuestra actividad y de la curiosidad espeleológica se centraría en aquellos karst que en muchos casos habían sido escenario de nuestras primeras escapadas montañeras o aventuras infantiles. Eran los Montes de Hierro, esos montes que formaban parte de nuestro paisaje vital e iban acompañados por un halo de misterio y cariño por lo propio.

La cadena de ADN de Burnia es de hierro, de puro hierro vizcaíno fundido y templado en

 

Ahora, en la edad del pragmatismo, vemos esa época con nostalgia y cierta melancolía, pero era parte de nosotros e inevitablemente está en los genes de Burnia.

 

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  • ​Destinados a descubrir el ingente patrimonio natural oculto en el karst minero y encartado

Desde los primeros momentos, la actividad se centró en Galdames, donde se sucedían los descubrimientos y exploraciones, poniendo de manifiesto la existencia de un colosal karst que hasta entonces había permanecido oculto a otros grupos de espeleo, en parte eclipsado por la cercana presencia de otras áreas más “montañeras” y, por otra parte, denostado por la presencia de minería.

 

Al ser el centro de la actividad, a los pocos años de la constitución decidimos que Galdames no sólo iba a ser nuestra principal zona de trabajo, sino que Burnia debía de ser el grupo espeleológico de Galdames. Desde entonces somos la Sociedad Espeleológica Burnia de Galdames.

 

  • Los compañeros de viaje

Las desagradables circunstancias que nos llevaron a constituir Burnia limitaban o hacían muy complicada la relación fluida con el entorno clásico de la espeleo vasca. Así que las relaciones se fueron estableciendo de forma natural hacia el Oeste, primero con nuestros vecinos de zona, el GELL de Castro Urdiales, y a lo largo del tiempo con todos aquellos grupos o espeleos que por uno u otro motivo no encajaban con el “status quo” de la espeleo vasca. Jocosamente siempre hemos comentado que Burnia parecía un refugio de disidentes, ya sabéis, los “malotes del Burnia”.

 

Con la perspectiva de los años, se consigue valorar la importancia de las grandes cosas, esas que quizás pasan desapercibidas en el día a día. Y es esa perspectiva la que nos permite ver que quizás la relación con los amigos castreños haya sido el elemento más importante y determinante en lo que Burnia ha conseguido ser espeleológicamente.

 

  • Organización

Lo cierto es que Burnia ha huido siempre de las típicas estructuras de los grupos clásicos, fundamentadas en una clara jerarquía, y ha preferido una organización más natural, basada en la auto-organización natural de las personas por afinidad, intereses, disponibilidad o lo que fuera, permaneciendo Burnia como el nexo común al que todos suman en la medida de sus posibilidades, motivación, etc.


Esta dinámica de grupo ha fomentado una estructura polinuclear, en la que los espeleos se auto-organizan de forma natural en equipos que pueden funcionar de forma autónoma o trabajar conjuntamente. Esta forma de trabajo supone una menor o más dificultosa organización y gestión del trabajo generado pero permite abordar más objetivos, que la gente tenga iniciativa y no se queme por ir siempre a remolque, valorar tanto el trabajo de los demás como el propio puesto que ambos son de Burnia y suman por igual.

 

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